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La política francesa de disuasión
La opinión pública francesa es favorable a dicho consenso. La adhesión de los franceses a la doctrina de la disuasión sigue siendo importante. A la pregunta : "¿Piensa usted que la evolución de la situación internacional justifica el abandono de nuestra fuerza de disuasión nuclear o, por el contrario, hace necesario el mantenimiento de dicha fuerza ?", el 22% de los encuestados optan por el abandono, el 58% por el mantenimiento, el 20% no sabe/no contesta (Encuesta SOFRES, enero 2000).
Aunque Francia se haya dotado de una fuerza nuclear, no posee los medios para mantenerse en la carrera del armamento nuclear lanzada por americanos y soviéticos. Esto no supone, no obstante, un problema insalvable para su seguridad, pues lo que cuenta es poder imponer al adversario potencial daños proporcionales al envite que Francia representa, disuadiéndolo así de entablar una agresión contra ella. Cumplidas estas condiciones (para lo cual se requiere tener fuerza suficiente, no excesiva), la parte débil (Francia) fue capaz de disuadir a la más fuerte (la URSS) de amenazarla militarmente. Para que dicha estrategia sea operativa, es necesario –además de la voluntad política de emplear el arma disuasoria, no cuantificable- reunir dos condiciones : poseer armas nucleares que puedan evitar ser destruidas por misiles adversos ; poseer armas nucleares capaces, en todo momento, de vencer las posibles defensas del adversario. Es, pues, necesario disponer de un número de armas suficiente para poder ejercer de forma permanente una amenaza de consecuencias inaceptables para el agresor potencial. Un nivel aceptable de amenaza viene medido por la posible vulnerabilidad de los lanzadores, atacados por fuerzas adversas (es necesario que nuestras armas no puedan ser destruidas en un ataque pues nuestra amenaza de réplica quedaría desacreditada) y por la posible vulnerabilidad frente a las defensas del adversario (los misiles que enviemos no deben ser interceptados antes de alcanzar sus objetivos). Hay que reconocer que el concepto francés de disuasión fue más el fruto de la debilidad relativa de los recursos franceses para mantener el ritmo de la carrera de armamentística lanzada por soviéticos y americanos, lo cual no hubiera podido conseguir ni de habérselo propuesto, que de una elección consciente y meditada. La doctrina del débil al fuerte es una construcción intelectual nacida de un arsenal. La idea se adaptó a los medios disponibles ; en su origen, no se organizaron unos medios para responder a un concepto preestablecido. Pero dicha teoría es excelente ya que es perfecta y puramente defensiva (a nadie se le ocurriría atacar el santuario del territorio francés), sin poder ser til |